A Sotavento: una semilla que apunta al futuro

Hay proyectos que empiezan sin saber todavía qué forma van a tener. Así como empiezan muchas cosas, como a veces ocurre el futuro mismo…Una imagen aparece primero. Después una frase. Después un paisaje que insiste. Y poco a poco esas cosas comienzan a conversar entre sí hasta convertirse en algo que todavía no sabemos nombrar del todo.

A Sotavento nació así.

Nació del páramo. De un viaje iniciático en este ecosistema, de una calada de aire caliente que atemperó los pulmones en medio del frío paramuno, esperanzador, alentador, que se abría camino en medio de un afuera de la montaña lleno de ambigüedades y de incertidumbres.

Nació de una fotografía que tomé allí y de un poema que escribí después. De esa relación extraña que se establece con ciertos lugares: una mezcla de pertenencia, extrañeza, gratitud y deseo de volver: del deseo de que nunca más nadie vuelva sino es a cuidarle.

El páramo no solo es un paisaje, sino como una presencia. Algo que transforma la manera de mirar. Algo que permanece incluso después de haberlo dejado atrás. En Viajes iniciáticos: El Páramo escribí: “El páramo. Eso queda.”Quizás A Sotavento sea una manera de intentar entender qué significa que algo quede.

Una imagen, un poema y un proyecto editorial

A Sotavento hace parte de un proyecto editorial más grande que todavía estoy construyendo. Un proyecto en el que la imagen, la escritura y el territorio se encuentran para explorar aquello que ocurre cuando un paisaje deja de ser solamente un lugar que visitamos y empieza a formar parte de nuestra manera de pensar, recordar e imaginar.

El proyecto todavía no está terminado, por eso algunas de sus partes están apareciendo antes que otras. Esta vez, una de ellas salió del papel. Y se convirtió en una prenda.

Cuando una obra toma otro cuerpo

Hay algo que me interesa particularmente de hacer estas camisetas: el momento en que una imagen deja de estar quieta. Una fotografía puede estar en una página. Un poema puede vivir en un libro. Pero cuando ambos pasan a una prenda, empiezan a circular de otra manera. La imagen adquiere movimiento. Viaja/ Acompaña a alguien./ Aparece en una calle, en una montaña, en una casa, en una conversación./ Ya no pertenece solamente al lugar donde fue creada.

A Sotavento comenzó como una pieza de un proyecto editorial y ahora puede convertirse también en una pequeña forma de llevar ese proyecto consigo.

Cinco piezas

La primera entrega de estas prendas encontró a sus propias personas. Ahora llega una segunda. Son solamente cinco camisetas.

Cinco piezas ya terminadas. No son una producción masiva. Cada camiseta pasó por mis manos y conserva las pequeñas particularidades de un proceso artesanal. Me interesa que sea así. Que el objeto conserve algo de su condición de pieza: algo pequeño, limitado y hecho con tiempo.

Me gusta que A Sotavento habite en este Laboratorio llamado Hola Futuro. Este espacio de creación y acción estratégica  en el que trabajamos desde la comunicación, la investigación, el arte y la colectividad para imaginar y construir otros futuros.

Y hay una idea de ese universo que atraviesa también este proyecto: crear es una forma de imaginar futuros. No necesariamente futuros enormes ni lejanos. A veces imaginar un futuro comienza con algo mucho más pequeño: una imagen que queremos conservar, una historia que queremos contar de otra manera, un territorio que queremos mirar con más atención.

Crear puede ser preguntarnos qué queremos que permanezca. ¿Qué queremos transformar? ¿Qué queremos recordar?

¿Qué queremos llevar con nosotres? Quizás por eso A Sotavento tiene sentido aquí. Porque este proyecto editorial también es un ejercicio de imaginación. Una manera de pensar el territorio desde la fotografía y la escritura. Una manera de convertir una experiencia en algo que pueda compartirse. Una manera de hacer que una imagen viaje.

El páramo. Eso queda.

Me imagino muchas formas que tendrá A Sotavento. El proyecto editorial sigue creciendo. Estas cinco camisetas son apenas una de sus formas posibles. Pero hay algo que sí sé: hay lugares que no terminamos de abandonar cuando nos vamos.

El páramo queda en la memoria, en las palabras, en las imágenes.En aquello que cambia dentro de nosotres después de haberlo atravesado. Y ahora, por un momento, también puede quedar sobre una camiseta.

A Sotavento.

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